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Diario Digital ContraPunto

San Salvador, 22 de Marzo de 2017

"Al otro lado del mar" y de dos grandes actores

Héctor Ismael Sermeño*


La dramaturgia salvadoreña continúa su lucha: los trabajos excepcionales de Santiago Nogales con la compañía Moby Dick la elevan a plenitud y nos obliga a recordar los semi-olvidados aportes del antiguo Certamen Nacional de Cultura con trabajos como los de Arturo Menéndez, Alvaro Menén Desleal,  Walter Béneke y muy , pero muy pocos más;  Francisco Gavidia está muy aparte.


Jorgelina Cerritos está tratando de aportar frescura y calidad a esa dramaturgia con un cuidado trabajo cuyo premio no es el del muy cuestionado “Casa de las Américas”, sino el favor del  público que aplaude su trabajo. Así se vio durante la última semana de agosto en el majestuoso y  actualmente muy maltratado Teatro Nacional.


El humor negro, la nostalgia, la angustiosa  soledad, sobre todo la soledad, y la interioridad de Dorotea y Pescador están bien delineados, la grandeza del mar es el espacio para todo lo planteado y los parlamentos, en ese juego que se vuelve lucha por sobrevivencia por ser y existir. El mar es, pues, un gran universo.


El marco legal mundial dice que un papel con nuestros datos respectivos nos vuelve existentes. Pescador entonces no existe, pero el falso documento que Dorotea le elabora lo vuelve un ser vivo porque ya su jurídica presencia en el mundo está garantizada, pero realmente reaviva porque ella también lo hace. Ellos comparten mucho de sí mismos obligados por la historia en la que se mueven, por tanto el compartir no les da la identidad perdida o existente a partir de documentos, se las dan los sentimientos,  los sentires compartidos, los registros humanos que nos hacen ser, y también no ser.


La estupenda Mercy Flores vuelve a construir un personaje fuerte, intenso, rico en matices: Dorotea. Llena el escenario y, va de nuevo, su dicción y entonación son de lo mejor. Francisco Cabrera le da una muy buena respuesta actoral, ambos están realmente grandiosos.


No quiero quitarle méritos a la dirección de Víctor Candray, pero es real que un director, por bueno que sea, con dos excelentes trabajadores de la actuación puede trastrabillar, por lo que me parece bueno que haya respetado como se merece a su elenco y alcanzar un muy buen trabajo en conjunto, además de cuidarlos y verdaderamente dirigirlos.


La escenografía y la iluminación  son muy sencillas, pero le dan adecuado marco y  significado a la obra; si bien a veces las escenografías y las luces no siempre requieren complejidad, semióticamente importan mucho para las puestas en escena. Esta vez funcionaron mejor gracias al espacio del escenario del Nacional.


En octubre harán temporada en el Luis Poma, no se la pierdan, es teatro salvadoreño de muy buen nivel.

 


*Escritor, historiador y crítico de artes. Colaborador de ContrACultura.

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