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San Salvador, El Salvador / 27 de nov. de 2014
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Cisneros, pintor salvadoreño en la diáspora

 

Wenceslao Cisneros es considerado académicamente como el primer pintor salvadoreño, aunque su trabajo se encuentra en Cuba.

Por Miriam García

SAN SALVADOR-La historia de El Salvador ha tenido una serie de paradojas a lo largo de su devenir, y quizá una prueba de ello, es la que representa la historia de Juan Francisco Wenceslao Cisneros, señalado por la historia salvadoreña como el primer pintor, del que, sin embargo, no se tiene ningún trabajo en el país.

Cisneros nació en 1832, en la capital, apenas dos años después de la independencia centroamericana. Es por esto que su trabajo, señala Astrid Bahamond, se ubica dentro de la época republicana. La historia salvadoreña es bastante esquiva al momento de encontrar mayor información sobre él; sin embargo, dos autores importantes hicieron en su momento una investigación que permite conocer el desarrollo y todo lo que llevó a Cisneros a cumplir su destino: La Habana

Napoleón Velasco publicó en 1955 un libro titulado “Cisneros el Pintor”, bajo el sello del Departamento Editorial del Ministerio de Cultura de entonces. Este libro, más que una biografía, ahonda en lo que pudo ser la personalidad de Cisneros, y su cotidianidad. Comienza retratándolo como un niño, inquieto y travieso, más preocupado por ver los dibujos de su texto de lectura, el Instructor, que por aprender el abecedario. Inclusive, en este libro, relata que una de sus primeras travesuras fue, precisamente, retratar a sus tutores, aunque a manera de travesura, pero con una gran fidelidad a los modelos originales.

Más adelante, este respeto por la realidad, reflejado en sus pinturas, será uno de los sellos de Cisneros: “un clasicismo extremo, de un retratismo casi fotográfico” señala Astrid Bahamond.

De acuerdo al libro “La Pintura en El Salvador”, del investigador y escritor Ricardo Lindo, Cisneros parte hacia Francia, con el cónsul francés, a los dieciséis años a estudiar dibujo y pintura. A su arribo, se instala en el Barrio Latino. Allí comienza sus estudios, y de acuerdo a Bahamond, se convierte en uno de los retratistas favoritos de la corte. Fue vecino de Eugene Delacroix, pintor francés, y su línea de trabajo fue bastante clásica y religiosa.

Ricardo Lindo señala que residió durante trece años en Francia, luego uno en Roma, y luego volvió a Latinoamérica, en 1858. Sin embargo, en su viaje hacia El Salvado realizó una escala en Cuba, en donde Cisneros definiría el resto de su historia.

En La Habana, Cuba, se encontraba la Academia de Bellas Artes San Alejandro, una de las más antiguas de Latinoamérica, de acuerdo a Bahamond. Cisneros aplicó para ser director de esta academia, y lo consiguió. Durante nueve años estuvo al frente de San Alejandro, y figura en la historia de la academia como un importante referente.

Bahamod explica que Cisneros innovó mucho el aprendizaje de la pintura en Cuba, gracias a sus conocimientos adquiridos en Europa: “Para ellos fue un aporte bastante importante el que alguien con su nivel que venía con todas las técnicas y con muchos temas, no sólo religiosos, sino con mucha pintura de carácter neoclásico, introdujera e implementara metodologías de estudio que no se ocupaban en las escuelas barrocas de entonces. Él implementó lo que él había aprendido. El modelaje con desnudos, por ejemplo”, dice.

El hecho de que el trabajo de Cisneros permaneciera casi en su totalidad en Cuba es lo que contribuyó a convertirlo en un “mito”, señala Roberto Galicia, director del Museo de Arte de El Salvador, MARTE. Galicia explica que es con el nombre de Cisneros con el que se inicia la historia de la pintura nacional, pues no hay un nombre que la historia haya conservado antes del suyo.

“Antes que él tiene que haber alguien, porque hay retablos de la época de la colonia, pero, y estoy suponiendo, eran de gente que venía de Guatemala, a donde sí ya podemos identificar autores. Recordemos que esto (El Salvador) era un provincia” señala Galicia, asegurando que difícilmente se puede tomar otro nombre antes que el de Wenceslao como el inicio de la pintura salvadoreña.

Casi toda la obra de Juan Francisco –como era conocido en la academia de San Alejandro– está en Cuba. Sin embargo; El Salvador tuvo la oportunidad de conocer, por primera vez, sus trabajos en 1994, gracias a una exposición que se gestionó cuando todavía no se tenían ni siquiera relaciones con este país.

La exposición de 1994 tuvo una buena acogida por parte de los salvadoreños, comenta Galicia. “La exposición fue recibida con mucho entusiasmo, sorprendió su extraordinario dibujo, eran obras de formatos pequeños. Lastimosamente no se pudo incluir pintura, cuadro de formatos grandes, porque en ese momento las relaciones con Cuba eran inexistentes y debíamos atenernos a los transportes aéreos y nos atuvimos al embalaje de ese entonces.”

Fue un excelente colaboración del museo, que se logró a través de contactos con el ministro de Cultura cubano de aquel entonces, Armando Hart Dávalos, y se dio con una facilidad asombrosa, vino una curadora y eso facilitó las cosas, asgura Galicia. La exposición estuvo más o menos un mes en 1994.

En esa ocasión, tanto Bahamond como Galicia señalan que se elaboró un catálogo, pero este no se encuentra en los archivos de la Sala Nacional de Exposiciones, que es donde se realizó el evento.

Contrario a otros pintores nacionales de los que tenemos información de su vida y su trabajo, de Wenceslao Cisneros no hay rastros profundos.

El libro de Napoleón Velasco es quizá es el texto más profundo sobre el desarrollo de Cisneros. Señala que su padre, Juan Nepomuceno Cisneros, lo destinó a París a estudiar Jurisprudencia, y cita sus palabras severas: “Abogado lo quiero, y no lo ‘otro.’ Entre Savigny y Miguel Ángel prefiero yo a Savigny. Miguel Ángel murió pobre, y Savigny no.” Así sentenció su padre, pero ya en París, Cisneros acabaría decantándose por su verdadera vocación, que jamás dejó de perseguir.

Cisneros se educó, primero con Monsieur Gigoux de Bezansón, pintor –de acuerdo a Velasco–, para más adelante abrir su propio estudio en París. Luego de un viaje realizado a Roma, volvió a Latinoamérica, pero enfermó en el viaje, versión que confirman tanto Bahamond como el texto de Velasco, y en la escala realizada en La Habana, aprovechó para mejorar su salud. Allí, aplicó para el puesto de director de la aún existente escuela de Bellas Artes San Alejandro. Su formación europea le valió el puesto que mantendría durante nueve años, según Lindo. Allí se casó, y tuvo un hijo, y finalmente murió de una fulminante apoplejía, en 1878, a los 55 años.

Sus pinturas son casi “míticas” para los salvadoreños. Sin embargo, existe un cuadro que se le ha atribuido a él: es un retrato de don Manuel Gallardo así como una pintura de San Jerónimo, que se encuentra en el libro de Ricardo Lindo.

Quizá en una próxima exposición se puedan conocer retratos más representativos de Cisneros, como los mencionados por Velasco: Lot y Sus hijas, Virgen en Éxtasis, Nerón y su esclavo huyendo del pueblo... y otros retratos que están en Cuba. “En Cuba hay un museo, hay curadores especializados, museos especializados (en Cisneros)”, dice Bahamond.

Galicia dice, aunque a modo de inferencia, que más adelante bien podría gestionarse una nueva exposición de Cisneros. Sobre todo ahora que ya existen relaciones diplomáticas con Cuba. Lo mismo señala Bahamond en referencia a la exposición de 1994: “quizá pronto se vuelva a hacer una exposición así”.

De lo que no cabe duda, ahondando en su historia, y la registrada por los textos de Velasco y Lindo, es que su vida estuvo marcada siempre por el gusto hacia la plástica, y aunque su vida artística no floreció en El Salvador, es por derecho de nacimiento, nuestro pintor.

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Comentarios   

 
0 #1 Joaquín Meza 05-05-2013 12:31
Existe un retrato de Farabundo Martí pintado por Cisneros. Con él se ilustra la sexta edición de "El Cipitío en El Salvador Sheraton", crónica literaria sobre la Ofensiva Final del FMLN en 1989. Entiendo que perteneció al doctor Fabio Castillo "Fabito", quien lo donó al FMLN y ornamenta su sala de reuniones, en su sede central de San Salvador.
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