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San Salvador, El Salvador / 21 de Abril de 2014
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El Centro Histórico de Chalchuapa

Historia de una de las ciudades más antiguas de El Salvador   

 

Por Héctor Ismael Sermeño (*)

 

Al menos tres mil quinientos años la contemplan: Es Chalchuapa; antigua, colonial, contemporánea, eterna.  Hoy sobrepasa los cien mil habitantes, antes no sabemos, pero fue la ciudad maya más grande del territorio que ahora llamamos El Salvador, además de constituirse en una de las mayores de la Ruta Maya.

Con un área que puede alcanzar los diez kilómetros cuadrados, los incontables vestigios arqueológicos ubicados en esa superficie, documentan la grandeza que los monumentos rescatados apenas reflejan. El Museo Nacional de Antropología David J. Guzmán, posee las pruebas de su importancia prehispánica: un 60% de sus  piezas de exhibición y de sus depósitos provienen de la enorme zona arqueológica chalchuapaneca, estudiados desde el siglo XIX, primeramente por especialistas extranjeros y  posteriormente, por nacionales.

Los  conquistadores europeos encontraron a los pocomames, mezclados con los, también, conquistadores aztecas de la rama pipil, pero sustentando todavía, la fuerza de la cultura maya, en ese momento ya desaparecida en su grandeza, pero sobreviviente de manera poblacional. Por eso a El Salvador le resulta imprescindible el estudio y la existencia de Chalchuapa para explicar la construcción de su cultura y su estado nación.

Durante la época posterior a la conquista y durante la era colonial, Chalchuapa mantuvo un nivel de importancia bastante relevante. Fue uno de los llamados pueblos de indios, pero muy rico y muy poblado. El tamaño de los templos católicos, reflejaba esta importancia; por esta razón el dedicado a Santiago Apóstol, ya para 1586, más o menos medio siglo desde su fundación, se consideraba trascendente, según relató el religioso franciscano Alonso Ponce a su paso por el poblado, que se llamó Chavelapan, después Santiago Chalchuapa, por su santo patrono y al final solo Chalchuapa, al menos a partir de 1770, según Pedro Cortez y Larraz, arzobispo de Guatemala, en la narración de su visita.

Chalchuapa aportó a la economía de la provincia de San Salvador,  árboles y semilla de morro,  cacao, tabaco y maíz. Posterior a la independencia, en el siglo XIX, formó parte del gran núcleo cafetalero del occidente de la ya República (al menos a partir de 1845) y se convirtió en la quinta ciudad del país (1905) superada en sus 20,856 habitantes sólo por Santa Ana, en ese momento la primera, con 50,854, San Salvador con 50,304 ;  San Miguel con 25,462 y San Vicente con 21,048, ésta última con apenas 192 habitantes de diferencia; datos según Silvia Dutrent, en su libro “El Salvador”, México, 1989.

También producía azúcar,  cereales y ganado. Ahora sigue siendo importante el café, pero también el comercio y la industria; esta última fue la más poderosa del país cuando el estimulante era el grano de oro, con una decena de beneficios de café, de los cuales, el denominado El Tazumal, era uno de los más grandes del mundo. Hoy la Cooperativa Cafetalera Cuzcachapa, ha ganado varias veces la Taza de Excelencia en este ramo.

En referencia a lo anterior hay un interesante estudio sobre el fenómeno económico de Chalchuapa y sus implicaciones, investigado y escrito por Aldo Lauria Santiago titulado “Una república agraria”, publicado en 2003; es una fuente increíble para entender, a través del estudio de las relaciones económicas en Chalchuapa y  El Salvador, la construcción de la República Salvadoreña. 

LA INFRAESTRUCTURA  CHALCHUAPANECA

La ciudad posee uno de los centros históricos más grandes y relevantes de todo el país. Rica en arquitectura, tradiciones y costumbres, la occidental Chalchuapa configura las cualidades urbanas como base de la cultura, gracias a la diversidad de elementos que la componen.

El actual templo de Santiago Apóstol, es la muestra de la mejor arquitectura religiosa barroca colonial en El Salvador. Iniciada su construcción (circa 1630), es el templo colonial más grande y mejor conservado que la colonización española nos heredó. Muchas poblaciones tienen la traza de cuadrícula propia de la época, pero no conservaron sus templos por razones diversas: incendios, terremotos, demoliciones y guerras. Chalchuapa posee esta riqueza arquitectónica  excepcional. De hecho, no quedan en territorio salvadoreño, más de una veintena de iglesias verdaderamente de la época. Todas las demás falsamente denominadas  como coloniales, fueron construidas después de la firma de la independencia en 1821.

El templo es en cruz latina, con una sobre decorada y barroca cúpula sobre el presbiterio, bastante elevado y de muy buen tamaño. Construido con adobe y mampostería, incluye excelentes retablos y bella imaginería desde el siglo XVII. El atrio es de lo mejor y el muro perimetral colocado en el siglo XIX, está muy integrado al resto del edificio. Posee torre del reloj que da la hora desde 1874. Se consideraba desde el siglo XVIII, que si una ciudad  tenía reloj público grande, era muy importante. Los ciudadanos presionaron en esa época propiciada por la riqueza del café y tuvieron su reloj.

Durante el siglo XX se construyeron otros templos como El Calvario, de muy buen tamaño, el de María Auxiliadora, del colegio y hospicio, la capilla del antiguo hospital y el nuevo de María Auxiliadora de reciente creación, además  varias  ermitas en cantones y colonias.

Las edificaciones de gobierno, policía y cuarteles fueron muy buenas antes de la guerra, en edificios de adobe, piedra, mampostería y cemento armado. Igualmente las escuelas, almacenes y otros edificios comerciales. Sin embargo, es en las áreas habitacionales en dónde se dan muchas muestras de la mejor arquitectura  desde finales del siglo XVIII.

Sobresalen la llamada Casa de los leones o de las águilas, una elegante residencia de tres niveles con varias esculturas frontales, un tanto neoclásica y que data de los 1920; una sede bancaria diseñada por el genial arquitecto salvadoreño Rubén Martínez; los dos parques centrales, uno dedicado al padre de la patria, Dr. José Matías Delgado y el otro a la Virgen María en donde fuera la Plaza Principal desde su fundación, frente a la parroquia de Santiago. La ciudad posee varios monumentos y un histórico e impresionante cementerio, con mausoleos de gran  tamaño y expresión artística. Las residencias de los acomodados cafetaleros y comerciantes, especialmente en la Avenida 2 de abril, la Calle Ramón Flores, los alrededores  de la parroquia de Santiago y la calle del Comercio; también en la sexta calle. Son sobrias y muy elegantes en sus fachadas en las que predominan los balcones andaluces, canecillos y moldurado renacentista y mudéjar.

Son casonas de un cuarto y hasta media manzana de construcción, con grandes puertas, zaguanes de arcos de medio punto y esquinas redondeadas que las particularizan. Pese a que corresponden a diferentes estilos, según las épocas pertinentes, el mantener la línea de construcción original y el cuidado en los diseños, hacen del paisaje urbano local una muestra de conservación excepcional para una ciudad salvadoreña. Las construcciones disonantes son en menor cantidad que en otros centros históricos nacionales y, a partir de la aplicación de la Ley de protección al Patrimonio cultural en 1993, la conservación, la reconstrucción y la restauración han mejorado, en mucho, a la ciudad.

También existen varios auditorios y tres estadios; dos para fútbol y uno para baloncesto. 

LA GRANDIOSA CULTURA.

Ninguna ciudad salvadoreña del interior del país y fuera de San Salvador y Santa Ana, tiene tantos, y tan diversos, espacios para la cultura, además de muchos bienes culturales patrimoniales, ya sean edificados como intangibles. Chalchuapa es muy particular en este ámbito. En ocasiones pareciera que ni sus propios pobladores se dan por enterados.

Posee, como ya se explicó, el más hermoso templo colonial barroco de El Salvador.  Las procesiones de Semana Santa de esta iglesia, fueron declaradas legalmente, Patrimonio Intangible de la Nación en 2007. Grandiosas, espectaculares y de participación masiva, no tienen igual en todo el país. Aparte desarrolla un calendario de celebraciones religiosas de índole  folclórica, de gran importancia en Santiago Apóstol, El Calvario Y María Auxiliadora. Igualmente las del día de muertos y navidad, con muchas particularidades propias de la localidad.

En 1920 ya poseía dos salas de cine. En la década de 1930, el General Hernández Martínez le construyó un Teatro Nacional, el cual sirvió para proyectar películas y recibir grupos y compañías de artes escénicas y que fue demolido hace unas tres décadas. Posteriormente, un empresario local  levantó un enorme cine de más de mil butacas, que todavía existe, denominado Maya, que en medio de la actual crisis mundial de  los cines de gran tamaño, es arrendado ahora a una organización religiosa protestante.

La gastronomía(uno de los mayores patrimonios culturales intangibles) es también sobresaliente, desde sus épocas ancestrales prehispánicas, los ingredientes locales han particularizado la alimentación: La yuca salcochada blanda, con chicharrón de cerdo y especial encurtido, es su principal bandera, a la que se agregan los panes franceses de gran tamaño con gallina y pavo horneados, la inigualable horchata, gracias a su antigua tradición de plantar árboles de morro, los atoles de varias clases y el pan dulce, variado, de semitas a pastelería francesa, de pan blanco a torta de tuza y un largo etcétera. Ninguna ciudad tiene tantas panaderías per cápita. Por supuesto la exquisitas pupusas, con un toque muy particular.

En 1951, sólo había un museo en el país, el Nacional en San Salvador. Ese año se inaugura el del sitio arqueológico El Tazumal y Chalchuapa se convierte en la primera ciudad, fuera de la capital, en tener un museo. Actualmente tiene tres,  el del parque arqueológico Casa Blanca y el religioso, en la casa conventual de la Parroquia de Santiago, complementan el trío. Tuvo escuela desde el siglo XVIII de manera informal, con Gerardo Barrios llegó a tener dos. Hoy posee unos treinta centros de estudio de todos los niveles, estatales y privados. Se debe agregar una Casa de la Cultura con muchas actividades.

También incluye, aparte de los dos parques arqueológicos mencionados con su propio museo, uno privado, con la única pirámide circular descubierta a la fecha. Además tres balnearios, el más antiguo, “El Trapiche”, se ubica en el río del mismo nombre   y ostenta una piscina olímpica, segunda del país después de la del estadio nacional Flor Blanca, que construyó el ex presidente chalchuapaneco, General Salvador Castaneda Castro en 1946, igual que el mercado municipal número uno, y el bulevar de entrada a la ciudad, conocido como la Doble Vía. Hoy convertidos en edificaciones patrimoniales. El de El Trapiche es utilizado para la lavada de la Ropa del Señor, durante los lunes santos desde hace casi dos siglos, combinando el patrimonio natural, el cultural edificado y el intangible.

En 1885, el presidente militar de Guatemala, Justo Rufino Barrios, murió en la famosa batalla de Chalchuapa, al intentar unir a Centroamérica de manera violenta. Una pequeña Plaza con un monumento del Extinto Presidente y la enorme roca en la que murió,  recuerda el  trascendental hecho.

Chalchuapa es una ciudad monumental desde antes de la llegada de los españoles a nuestro país, milenios después continúa siéndolo. Es un lugar de privilegio, de esos que sí le dan valor a una celebración como la del Bicentenario del inicio del proceso de independencia centroamericana. Lástima que la fiesta de este gran hecho histórico no ha tenido la importancia que  han merecido las similares de México, Venezuela y Argentina. El Salvador es así. A Chalchuapa no le importa, es demasiado lo que poseyó y lo que lo que actualmente posee, que no afecta un ápice a su importancia histórica. Igual le hace bien a nuestro país aunque no se de por enterado.

(*) Escritor, historiador y crítico de artes.

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