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San Salvador, El Salvador / 20 de oct. de 2014
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El Cristo Muerto, de Mantegna

Crítica a la obra de uno de los representantes del Renacimiento Italiano  

 

Por Mario Castrillo

 

 

 

Después de diez siglos, que fue el lapso de tiempo que duró la Edad Media (S V-S XV), la pintura religiosa experimentó cambios profundos. Quizá el más importante es, en cuanto a imaginería religiosa y concepto se refiere, el Cristo Muerto (hacia 1475-1490), de Andrea Mantegna.

En su precocidad, Mantegna (1431-1506) ingresa al taller de pintura de Francesco Squarcione (1395-1468) a la edad de diez años, y se retira siete años después, independizándose y conquistando prontamente un lugar destacado en el mundo del arte.

El Cristo Muerto asombró  y perturbó a la sociedad de su época, no solamente por la aplicación magistral de la propuesta plástica sino, y sobre todo, por la concepción contenida en esta obra de tema religioso. Mantegna presenta un Cristo despojado de todo atributo divino, no es el Cristo rodo poderoso, el Hijo de Dios el que observamos en esta obra, sino el Cristo hecho Hombre, el Cristo humanizado, una concepción inconcebible durante la Edad Media.

Esta obra es representativa del Renacimiento italiano. Durante el Renacimiento se afincaron en Italia numerosos intelectuales, artistas y eruditos emigrados de Bizancio, cuando esta ciudad fue tomada por los turcos (1453). El Siglo XV fue el último de la Edad Media y el primero de la Edad Moderna y se le denominó “El Siglo de las Innovaciones”. En ese siglo se desarrolla lo que hoy conocemos como la Banca Moderna, girándose las primeras letras de cambio; se produce la invención de la imprenta, que propagó el conocimiento con la impresión de los libros, se produce además el surgimiento de las Universidades, cuando el saber abandona las abadías y conventos y pasa a mano de los laicos; se producen descubrimientos geográficos –se descubre el Continente Americano-, descubrimientos  que habrían de cambia la concepción del mundo: Américo  Vespucio (1454-1512) y Sebastián El Cano (1456-1576) dan la vuelta al mundo, iniciada por Fernando Magallanes (1480-1521) en 1520. Con este suceso histórico Europa cobra conciencia de la esfericidad de la Tierra, que hasta entonces consideraban plana; Nicolás Copérnico (1473-1543) por su parte, elaboró la teoría Heliocéntrica, por lo cual es llevado ante la Inquisición por afirmar que la tierra no era el centro del Universo sino que giraba en torno al sol.

En el mundo del arte se inventa el óleo, se incorpora la perspectiva lineal y aérea, el espacio cobra importancia, se inventa el esfumino y el claroscuro; las figuras pierden rigidez y se establece el canon de 8 cabezas para la figura humana, las imágenes religiosas se humanizan como bien lo muestra Mantegna.

Surgen los tratados sobre las artes; el retrato pasa a ser tema de arte, se pone interés en la vida cotidiana; se abordan temas paganos y mitológicos; se desarrolla el bodegón y la naturaleza muerta como símbolo abundancia y a la vez de la caducidad de la vida, y el desnudo figura como tema artístico desligado ya de la temática religiosa (creación de Eva, y expulsión de Adán y Eva del Paraíso).

En el Cristo Muerto, Mantegna da muestras de un dominio y virtuosismo de su oficio por el empleo impresionante de la perspectiva al lograr este magnífico escorzo, incorpora el punto de fuga, el estudio anatómico y el dramatismo en la obra. Mantegna influenció a los artistas que le precedieron durante las primeras décadas del S XVI.

El Cristo Muerto es humano, no divino. Recordemos que al morir en la cruz y después de su descendimiento, Jesús permanece durante tres días en el sepulcro –“”y fue crucificado, muerto y sepultado y al tercer día descendió a los infiernos”- como reza en la oración denominada el “Credo”. Jesús, el Cristo, es entonces enteramente humano en ese lapso de tiempo, antes de la Resurrección de los muertos.

“Siendo ya tarde, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había hecho discípulo de Jesús. Se presentó a Pilatos y le pidió el cuerpo de Jesús y el gobernador ordenó que se lo entregaran. José tomó entonces el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia y lo colocó en el sepulcro nuevo que se había hecho excavar en la roca” (Mateo 27:57-61). Al expirar como hombre y antes de resucitar al tercer día, fue objeto de las atenciones que en esa época se dispensaba a los muertos. En su obra Mantegna representa a María en compañía de Juan y una tercera figura de la que sólo vislumbramos la parte inferior del rostro; María se encuentra a la izquierda del cadáver sofocando su llanto: la boca de la Virgen se contrae en un rictus de dolor al observar el cadáver de su hijo.  Ahí es donde Mantegna precisa su atención y crea esta obra maestra.

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