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San Salvador, El Salvador / 24 de Abril de 2014
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El intelectual y la sociedad

El “ser pensante determina la conciencia social”, es un concepto transformado en arma contra la arbitrariedad.

SAN SALVADOR – Después del triunfo de la Revolución en Cuba, en 1959, hace 54 años, se despertó en América Latina un intenso debate sobre el papel que debería jugar el intelectual en las luchas sociales.

Al triunfar el sandinismo en Nicaragua, aquel espíritu se renovó, cobró ímpetu.

¿Cuál es el papel del intelectual en la lucha por la revolución? La mayoría de los grandes intelectuales (especialmente de la rama artística), coincide en que “se debe estar al lado del pueblo en su lucha por la emancipación social”.

El intelectual entonces es visto como amenaza para el “status quo” de las dictaduras militares. El “ser pensante determina la conciencia social”, es un concepto transformado en arma contra la arbitrariedad.

También hubo etapas en las que las revoluciones dejan de ser emancipadoras: Stalin y el estalinismos no pudo ser mejor que el fascismo; la revolución cultural china devino en el “polpotismos” (referido al sanguinario líder comunista de Camboya, Pol Pot).

En El Salvador los tentáculos del extremismos izquierdista asesina al más prolífico intelectual revolucionario: Roque Dalton… Mientras, la dictadura asesina a Jaime Suárez Quemain y decapita a Alfonso Hernández, poetas que se unen en un triángulo fatal, de ataque a la cultura nacional… ¿Quién entonces adora a los poetas?

Triste charco de luto

Precisamente cuando somos

dueños de la verdad (el hombre

no es un animal extraño

es sólo un animal

que ignora y que desprecia

y alcanza la verdad por la puerta del fuego)

Triste charco de luto en pie de guerra

sin luna que se asome sin los pájaros

que recojan su dulce huella de agua

pero por la verdad la bella

que me jura desnuda sobre el color del mundo

pero por la verdad todos los lutos

todos los charcos hasta ahogarse

pero por la verdad todas las huellas

aun las manchadoras las del lodo

pero por la verdad

la muerte

Pero por la verdad

Roque Dalton deja ese texto, sin proponérselo, un testamento-herencia de lo que debería de ser la actitud del intelectual: la defensa de la verdad, frente a la arrogancia del arbitrario… Adaptar la verdad como símbolo y perspectiva de vida.

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