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San Salvador, El Salvador / 20 de dic de 2014
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El torito bravo y el toro viejo

 

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Crítica a la obra teatral “Toros”

Por Héctor Ismael Sermeño (*)

Fotografía: René Figueroa

SAN SALVADOR-Los seres humanos hemos utilizado a los animales para muchas cosas: alimentarnos, divertirnos,  transportarnos, como fuerza de trabajo, para mostrar nuestra crueldad; como mascotas y hasta para llenar la soledad. También para buscar transmitir enseñanzas, dándoles características antropomórficas y carácter humano: la fábula como género literario.

Actualmente, con ese género teatral mixto que han dado en llamar comedia dramática y/o  tragicomedia,  han pululado montón de obras teatrales, que tratan de ejemplarizar las virtudes y defectos de los distintos grupos sociales,  lo que a  veces consiguen, pero en ocasiones se quedan tan solo en divertimento intrascendente. En este subgénero mixto entra la obra española, Torito Bravo de Aitor Mazo y Patxo Tellería; montada en nuestro país  con el título de Toros.

El montaje ha sido dirigido por el actor Omar Renderos, quien forma parte de un grupo de actores que quieren  convertirse en directores: César Pineda, Enrique Valencia, Leandro Sánchez, Francisco  Borja y algunos otros más, pero que todavía no adquieren la fuerza de los consagrados de la generación anterior, como Roberto Salomón, Fernando Umaña, Nelson Portillo o Filánder Funes. Santiago Nogales es un caso especial. Estos jóvenes han iniciado su lucha por ocupar un lugar entre los directores salvadoreños  que han trabajado por hacer un buen teatro local. Son los toritos contra los toros viejos,  dicho con todo respeto.

Toros toca lo esencialmente humano y quiere analizarlo y dar respuestas, los autores la concibieron así  desde la realidad española de la tauromaquia, situación muy distante de la salvadoreña, en la que no se siente ni se participa de la posibilidad de que los toros sean sanguinariamente tratados en las plazas, como reflejó el inmenso Francisco de Goya en sus trabajos plásticos sobre este tema. Pero el destino del torito joven está marcado. El elemento trágico llega inexorablemente: la muerte.

Entonces, entra la práctica constante en un país en la que los dramaturgos son contados con los dedos de una sola mano y sobran; que consiste en adaptar “salvadoreñizando” los textos “para que el público entienda y se ría con más ganas de los gags” o llore con el drama, lo que generalmente he señalado como desagradable al menos, y algunas veces hasta una falta del respeto al espectador. Sin embargo, los temas universales lo son estén ubicados en el área geográfica en la que estén. Por eso sabemos que Shakespeare es inglés, Poquelín es francés, Terencio es romano, Eurípides es griego y Gavidia, Menén Desleal y Nogales son salvadoreños. ¿Se imaginan en un teatro inglés o francés, britanizando o afrancesando Júpiter o Vecinas? Puede ser, pero desvirtuar es un riesgo en el que no a todos les va bien. Por eso el espectador acaba por no captar a plenitud lo que ocurrió finalmente.

Generalmente considero necesario informarle al público lo de las adaptaciones: Al director y adaptador Renderos no le salió tan mal el suprimir los textos y acciones en derredor de la “fiesta” de toros española y sustituirlos por la migración salvadoreña a Estados Unidos, pero llenó tiempo y espacios con marionetas y mimos como personajes, los cuales son inexistentes en la obra original, pero que gracias a ese talentoso y extraordinario actor llamado Jaime  Ruano, se sostienen aceptablemente. Francisco Borja está más que correcto en este montaje y en ocasiones, a causa de sus parlamentos bien utilizados, logra estar mejor.

La escenografía está construida como para una obra infantil, necesitó más seriedad y creación de atmósfera. Nuevamente debo señalar el cuidado que se debe tener con este elemento del montaje ya que según se utilice,  puede decir mucho o no decir ninguna cosa.  Por otra parte no hay mayor juego de luces.  A veces no debemos olvidar que el teatro es mucho más que un diseño de computadora.

Omar Renderos, al igual que sus compañeros directores de esta nueva generación, debe trabajar mucho  y disciplinadamente. Así logrará estar a la altura de su enorme talento como actor, que lo sitúan en este momento como uno de los mejores de El Salvador. Por esta vez, como director, solo aprobó.

(*) Escritor, historiador y crítico de artes.

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