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El ruido de las cosas al caer - reseña PDF Imprimir E-mail
Martes, 14 de Febrero de 2012


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Novela colombiana ganadora del premio Alfaguara 2011

Por Javier Kafie.

SAN SALVADOR – Hay novelas que capturan. Hay novelas que apasionan, que te mantienen pensando en ellas las veinticuatro horas del día. Hay novelas que te hacen soñar finales asombrosos y te hacen levantarte al día siguiente con la feliz y cansada expresión de quien poco ha descansado pero mucho ha vivido.

Hay novelas que hipnotizan y que son un viaje, y el Ruido de las cosas al caer es una de ellas.

Tuve el placer de conocer, aunque frugalmente, al escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez hace algunos meses durante su visita a El Salvador, en la que promocionó la novela con la que ganó el premio Alfaguara 2011. Hombre muy dueño de sí, despachó con elegancia tres copas de vino tinto frente al público del MARTE mientras recitaba sobre el oficio alquímico que supone escribir una novela, y sobre la necesidad de legalizar las drogas en la región para acabar de una vez por todas con toda esta violencia.

Compré su libro y me uní a la fila de autógrafos, y mientras esperaba busqué la primera página del relato y leí:

“El primero de los hipopótamos, un macho del color de las perlas negras y tonelada y media de peso, cayó muerto a mediados de 2009.”

Un par de horas después, junto a la tenue mirada de la lámpara de lectura, cerré los ojos y me sorprendí de haber vivido, aunque sea de paso, la experiencia de uno o más jóvenes bogotanos que soportaron una época colmada de terror – y que sobrevivieron para contarlo. Una época llena de esos absurdos adyacentes a la experiencia humana que encuentran su mejor alegoría en, digamos, la caza de los hipopótamos que escaparon del zoológico privado del mayor traficante de drogas de Colombia.

El ruido de las cosas al caer habla de la violencia. De cómo la violencia crece de manera inesperada e invade casi todos los aspectos de la realidad. También narra sobre la pérdida de la inocencia. Nos cuenta la historia de cómo unos cuantos hombres se metieron en un negocio ilícito hace algunas décadas. Lo comenzaron sin conocer al monstruo frente al cual estaban levantando sus lanzas. Lo comenzaron sin saber que ese monstruo extranjero engendraría la necesidad de otras quimeras locales, siendo la principal la figura de Pablo Escobar.

Pero la novela de Vásquez no se queda ahí, y eso es lo fresco de su enfoque. Porque, como toda buena novela, nos cuenta la historia de un grupo de hombres a quienes los une el destino, el hado o como quiera que se le llame. Y a partir de estos perfectos extraños – ¿no lo somos todos en este mundo? – construye la historia de una Colombia que fue hace mucho tiempo, de una Colombia que sufrió y de una Colombia que ahora es.

Y todo esto nos los cuenta Vásquez con un lenguaje increíble. Un lenguaje de alguien que ha vivido y pensado mucho sobre su experiencia, un lenguaje hipnótico que entiende que la ley de la gravedad es inevitable y que las cosas caen (los aviones, los sueños, los imperios). Pero también un lenguaje que entrevé que después de la caída la vida continúa.

Y esa es una de las lecciones más valiosas que me dejó este viaje. Pues El ruido de las cosas al caer nos recuerda que hay un futuro. Nos recuerda (a nosotros los salvadoreños, los guatemaltecos, los mexicanos, etc.) que por más absorbente que sea la violencia que nos toca vivir, ésta no será para siempre.

Ya después vendrán otras cosas que también harán su ruido al caer.

 

Para más información:

http://monosmetafisicos.tumblr.com/

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