contrACultura

Diario Digital ContraPunto

San Salvador, 28 de Junio de 2017

La memoria como acto de resistencia en «Ventana de suplicios»

Raiportada

«Al leer “Ventana de suplicios” de Rainier Alfaro Bautista nos damos cuenta de que el poemario entero está impregnado por la memoria […], en él la memoria se vuelve un recurso, una herramienta de denuncia».                        

Por Néstor Ulloa (*)

Tegucigalpa.- No es el gran descubrimiento teórico poético afirmar que la poesía, como toda la literatura, es un acto que nace de la propia experiencia de su creador. Tampoco lo será el afirmar que la poesía es también un acto de ejercicio de la memoria, en tanto esta es el estanque en el que el poeta abreva una y otra vez, en su eterna lucha de domesticación del lenguaje para dejar fluir sus más íntimos caudales creativos.

La Psicología como ciencia se ha encargado de decirnos que los seres humanos generamos nuestra propia representación del mundo circundante a través de tres procesos: la percepción, el aprendizaje y la memoria; los tres íntimamente relacionados: a través de la percepción conocemos empíricamente un fenómeno cualquiera; el aprendizaje es el proceso a través del cual adquirimos información simbólica más detallada sobre el fenómeno y la memoria se encarga de retener y disponer de esa información simbólica para ser usada en el futuro, cuando sea necesaria. Así las cosas, la memoria es algo así como una personal base de datos a la que se puede recurrir en  nuestro diario y cotidiano afán de nombrar el mundo.

Todo acto creador comienza con un hecho, que por parecer ordinario y común, aparentemente tiende a recibir muy poca consideración en la valoración del proceso, y es el momento en el que el creador está frente a la nada. En el caso específico del acto de creación poética, esta nada está representada por la página en blanco; y justo en este momento, frente a la nada, es cuando el poeta sólo cuenta con esa base de datos que aglutina toda la simbología personal de la que puede echar mano para (re)construir sus universos. Obviamente ese arsenal personal de símbolos han sido —entre otras cosas— los responsables del desarrollo cognitivo, afectivo y social del poeta, así como de su formación estética.

Al leer Ventana de suplicios de Rainier Alfaro Bautista[1] nos damos cuenta de que el poemario entero está impregnado por la memoria, no sólo por su papel en el proceso de creación ya apuntado, sino que en él la memoria se vuelve un recurso, una herramienta de denuncia; una especie de vía de escape frente a la acción del tiempo y se vuelve una constante de oposición frente a la concepción de la muerte como punto de no retorno.                        

Alfaro emprende una lucha frontal desde dos concepciones de la memoria: la primera como un proceso personal, (re)conociéndose y (re)conociendo el mundo desde su propia experiencia:

 

3:50 pm

a esta hora

el mundo pesa menos que la realidad

que todas mis cavilaciones juntas

cuando soy la cifra exacta de todo lo que debo ser y no

    puedo.

«Cavilaciones juntas» (p. 40)

En este proceso individual de (re)conocer el mundo, surge la otredad como un ente que participa activamente del proceso de formación de la memoria: Mi ciudad / tiene otras huellas / otras voces, rompen el silencio / un aire raro, una noche diferente, mil pasos distintos en / cada esquina, cada calle / hay otros rumores, rumores tristemente ajenos («Ciudades», p.12). Pero esa otredad no es solamente el otro desconocido, es también el otro cercano representado por los ancestros (los abuelos o la lengua de los abuelos) y por los lugares comunes y familiares para el poeta, que en forma de calles, aceras, avenidas, muros o la ciudad misma, hacen su aparición justa y exacta —como si de personajes de una calculada puesta en escena se tratara—, para catalizar el acto de resistencia que representa la memoria.

La segunda concepción de la memoria esgrimida por el poeta, es aquella de tipo social que cohesiona y vivifica el accionar de las masas, muy cercano a lo que suele llamarse «memoria histórica»: …el viento aúlla rostros y formas / de hombres antiguos que se instalan en mis manos («Tribal», p. 18). Esto también es notorio en los siguientes versos: Los pasos inconclusos / de miles de hombres que vinieron antes… («Ventana de suplicios», p. 26). Y esa memoria tejida en el seno de la colectividad parece ser nombrada por el poeta como el medio para la recurrencia infinita de la vida y por lo tanto debe ser conservada como tal:

pasen la voz, griten hijos de la muerte, que seguimos

       caminando en el círculo interno entre símbolos y a

       tientas infinitamente resucitando.

 

«Escritura de luz» (p. 19)

 Ahora bien, ¿cuál es el objetivo de todo esto?, ¿para qué este proceso casi subversivo de esgrimir la memoria como si de un arma se tratase? Ya hemos dicho al inicio que todo responde a la intención propia del autor de rebelarse: es un acto de resistencia que se traduce en la denuncia que encontramos en el poema de la página 22 y que dedica a los desaparecidos de su país, y en donde la repetición intencional del verso Yo vine a buscarte transluce las posiciones ideológicas personales del poeta, así como su decidida actitud frente al problema: y bajo otros soles todavía te espero; haciendo eco de la ya conocida y dolorosa frase «vivo se lo (la) llevaron, vivo lo (la) queremos», que se repite históricamente en casi la totalidad de países latinoamericanos.

Y la resistencia es también ante el tiempo y la muerte que se yerguen en el inconsciente colectivo como los grandes enemigos del ser humano, en tanto el primero es concebido como un factor del lento deterioro de la organicidad biológica que representa el cuerpo, y la otra adquiere la dimensión del final de la vida. Contra el tiempo el poeta se planta impávido, retador:

Sentado bajo la lluvia

veo girar los mundos

espero a la noche

alimento mi fuego

[…]

entre mis manos los huesos rotos del tiempo

de miles de hombres sin edad

«Circular I» (p. 15)

El poeta es consciente de su discurrir arañando el tiempo (p.14) y de que su vida, como la de todo ser humano transcurre como un lugar común de lo incierto (p. 13), por ello usa la memoria como recurso, como medio para jamás perder el sentido de la vida:

 

solo son las huellas de otras estaciones, de otras voces que

      llegaron antes hasta aquí

desde la infinita conjetura, que nos sepulta y hace olvidar

      la lengua, el origen de nuestro fuego

 

«Árbol de suplicios» (p. 20)  

En el caso de la muerte, el poeta comienza por nombrarla y en ese proceso de nombrarla la va (re)conociendo y familiarizándose con ella:

 

Muerte te nombro todos los días

entre afiladas agujas

con solo mirar más allá

con solo despertar cada mañana

[…]

 

Mi muerte

va creciendo

dentro de mis huesos todos los días

 

«Obituario II» (p. 33) 

Luego viene el trato amistoso y cercano, con frases cargadas de sarcasmo e ironía para burlarse de la muerte, como si de una vieja amiga se tratase: Mi tumba está detrás del tiempo / pisándole la cola a los muertos / riéndose de los vivos / mi tumba está esperándome / siempre / cansada de soñar con mi cuerpo… («Obituario II», p. 34). La ironía es palpable en los siguientes versos: Yo / le vendí / cajones a la muerte / no me arrepiento… (p. 35)

Anteriormente dijimos que todo esto responde al uso de la memoria como un acto de resistencia; y volviendo a preguntar ¿a qué responde todo esto?, podemos decir que este flagrante acto de resistencia a través de la memoria tiene como fin el fin último que tiene la poesía misma. Es decir que  Rainier Alfaro en Ventana de suplicios buscará darle sentido de finalidad a ese acto de resistencia de la memoria, y va a conseguirlo, canalizándolo todo a través de la poesía misma; dándose cuenta del valor que la palabra poética tiene: La palabra estalla en mis labios, se alza en mi boca como / negro estandarte […] / la palabra reina breves sentencias contra la marea, / la palabra afila sus puñales entre mis manos… («Rosas y abalorios», p. 49). Y se plantea así, la consecución de ese fin de la poesía del que Antonio Colinas hablaba, cuando se refería al planteamiento teórico de María Zambrano al respecto de poesía y pensamiento:

 

«La poesía quiere reconquistar el sueño primero, cuando el hombre no había despertado de la caída». Ello quiere decir que el poeta debe luchar y que no descansará hasta encontrarse en la plenitud del origen; es decir, «en un lugar y en un tiempo fuera del tiempo, en el que el hombre fuera otra cosa que hombre». (p.31)[2]

  

Y entonces el poeta se lanza:

 

escribo para seguir vivo, para seguir «en la búsqueda de la

iluminación», novena puerta

escribo para que otros sigan y sigan el signo

en esta hermandad secreta de buscar buscándose las

      alas tatuadas en las manos

 

«Escritura de luz» (p.19)

Esa búsqueda del fin último a través de la poesía —ese volver al origen primigenio (permítaseme la redundancia de los términos)— , el poeta ya la ha dejado planteada en un poema que conjuga estos temas de tiempo, muerte y memoria, y habla de ese continuo fluir eternamente en fuga por las galaxias, por la / ruta imaginaria de regreso a las aguas del primer origen. (p.37).

Y una vez llegados a este punto, y cerrando una suerte de círculo perfecto, se presenta de nuevo ese acto de rebeldía, de resistencia a través de la memoria, porque el poeta es consciente de que un día morirá; de la misma forma que es consciente de que sólo la memoria le dará vigencia y lo resucitara día tras día en los que vienen detrás suyo, porque Al final del final / solo las horas sagradas y el fuego / remontan mi nombre / de entre las sombras hasta los nuevos soles; así como él lo ha hecho con sus antecesores cuando afirma: también otros se pronuncian desde mí en este caminar («Obituario I», p. 32).

 

(*) Máster en Literatura Española e Hispanoamericana, corrector de estilo editorial UNAH.



[1] Alfaro Bautista Rainier (2015). Ventana de suplicios. San Salvador: Índole Editores.

[2] Colinas, Antonio (2008). El sentido primero de la palabra poética. Madrid: Siruela.

Compartir

Escribir un comentario

Norma de uso obligatoria

  • Los comentarios tienen que referirse al tema publicado
  • No se publicarán comentarios fuera de la ley local (difamaciones)
  • No está permitido el lenguaje soez ni ataques personales
  • Reservamos el derecho de eliminar comentarios inapropiados
  • Comentarios breves, no más de 20 líneas
  • No publicaremos anónimos ni falsas identidades

Aclaramos que no publicamos comentarios automáticamente

La opinión de los lectores, no es la de contrACultura


Código de seguridad
Refescar