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San Salvador, 19 de Agosto de 2017

Maximiliano Hernández Martínez y sus diez años en la historia de El Salvador

"...la presencia del General Maximiliano Hernández Martínez, permanece en el ideario y el imaginario nacional salvadoreño después de casi siete décadas..."

Texto por Héctor Ismael Sermeño*

Yo, el supremo de Augusto Roa Bastos, El señor presidente de Miguel Angel Asturias, Tirano Banderas de Ramón del Valle Inclán y un largo etcétera, conforman los títulos en literatura sobre los dictadores, igual en el cine o la televisión. Son figuras fascinantes para muchos artistas e intelectuales.

Sobre la dictadura y los dictadores se han escrito miles de artículos y libros. Toda clase de especialistas se ha ocupado de tema en general o en particular. El debate se eternizó desde que los términos y usos en cuestión dejaron de ser una excepción en la Roma Antigua, para convertirse en términos peyorativos en la historia de las sociedades. Los dictadores se cuentan por miles en todo el mundo y en los últimos dos mil años, ya sean éstos reyes, presidentes, príncipes, papas, aristócratas,  emperadores y cualquier denominación que ostente el todo poderoso gobernante.

Los debates entre filósofos, historiadores, políticos, siquiatras, sicólogos y demás intelectuales son permanentes sobre el tema. El pueblo no perteneciente a las élites mencionadas también debate. Hay reales razones, manipulaciones,  datos, fechas y, en gran escala, anécdotas. Todas pretendiendo ser la verdad, todas buscándola,  muchas  con una relatividad llena de dificultades. Todas con ideologías particulares. Ninguna absoluta.

Durante los últimos treinta años hemos sido testigos de la caída de muchos dictadores en el mundo, caen junto con sus regímenes, sus estatuas, sus pinturas, sus nombres en calles, plazas, edificios,  pueblos, ciudades, ríos,  montañas, premios, condecoraciones. Se quedaron en los libros de historia y en los recuerdos colectivos, de mala, regular y, la menos, buena manera.

Pero es nuestra historia la que me interesa y cómo la presencia del General Maximiliano Hernández Martínez, permanece en el ideario y el imaginario nacional salvadoreño después de casi siete décadas. Y las que faltan. No importa cuáles datos manejemos o de cuál autor, ya lo expliqué, lo que vale es su permanente presencia y cómo la presentemos o utilicemos. El general marcó al país y su historia de diferentes maneras. De la Infraestructura me ocupo esta vez.

Resulta que en 1943,  la tipografía La Unión imprimió un tomo que se llamó DIEZ AÑOS EN LA HISTORIA DE EL SALVADOR. No se menciona a ningún autor y es un informe que dieron en llamar “ACTA EN QUE SE DEJA CONSTANCIA DE LAS OBRAS PÚBLICAS INICIADAS Y EFECTUADAS DURANTE EL DECENIO 1932-1942, elaborado y firmado en el Palacio Nacional de San Salvador a las once horas del catorce de abril, día panamericano, de  mil novecientos cuarenta y tres y a los CXXII de nuestra Emancipación Política”.

La firmaron Todos los Ministros y Viceministros del Gabinete del Señor Presidente. Antes, en la breve introducción, ya dije que anónima, se cierra con el párrafo:” Conozcamos, pues hasta en sus más  pequeños detalles … de este álbum, preguntémole(sic) a nuestras conciencias de ciudadanos honrados si es o no justo que al Ciudadano Presidente Constitucional de la República se le tenga ya como BENEFACTOR DE LA PATRIA y si debe o no colocársele entre la pléyade de sus próceres.” ¡El discurso oficial y oficialista de todos los tiempos!

En las siguientes páginas del libro se detallan, con fotografías incluidas, las obras llevadas a cabo en el decenio y su respectivo monto en colones de aquella época.  Para entender las cantidades debe tomarse en consideración que el General Hernández manejó presupuestos en sus gobiernos de entre doce y diez y seis millones de colones anuales, por lo que los costos de ese momento, es equivalente a lo que costarían ahora en 2012. Era un país con un millón seiscientos mil habitantes,  una capital con ciento cuarenta mil  y un área metropolitana  con el doble.

Por ejemplo el Estadio Nacional de la Flor Blanca costó en 1934-1935 la enorme suma de 450,891 colones y la urbanización de sus calles adyacentes, un complemento de 23, 455. Según especialistas en ingeniería y arquitectura, hacerlo este año costaría unos treinta millones de dólares, pero con un presupuesto anual de más de cuatro mil millones de billetes estadounidenses de a uno.

Aclaradas las diferencias, en las cuales he insistido, ya que es usual en  fuentes y medios de todo tipo,  hacer traslación de monedas de forma irresponsable y de manera contemporánea, sin respetar los momentos históricos, procedo:

LA INFRAESTRUCTURA DEL DECENIO

Por supuesto que no la voy a detallar en su totalidad, es demasiada, pero veamos un panorama.

OBRAS PÚBLICAS

Casi todas son de San Salvador, exceptuando los pozos de agua potable de municipios del interior del país y la más costosa de todas que fue la pavimentación de la ciudad de Santa Ana,  que consumió un millón ochocientos treinta y cinco mil colones. El Palacio de la Policía Nacional, impresionantemente neogótico,  tuvo un presupuesto de cuatrocientos noventa y dos mil colones, el parque Cuscatlán, excepcional en su diseño y ubicación, irrepetible hito urbano, cuatrocientos  tres mil;  el Palacio de Comunicaciones Eléctricas (el telégrafo-ANTEL centro) doscientos veintisiete mil seiscientos. Apertura de la 25 avenida norte denominada Avenida Universitaria para unir a la capital con la nueva ciudad universitaria,  treinta y tres mil quinientos.

También el túnel para desaguar el lago de Ilopango con ciento trece mil colones.  Se incluyen  también,  decenas de obras más.

CARRETERAS

La carretera Troncal a Occidente a un costo de un millón ochocientos veintitrés mil, la  Troncal de Oriente, la mayor inversión de todas y que llegó hasta La Unión, con un monto de cinco millones setecientos treinta y ocho mil colones; la Troncal del Norte, hacia Chalatenango y la frontera con Honduras, recibió seiscientos veintiún mil. La de Zacatecoluca  y la región de los nonualcos, un millón setecientos ochenta mil, la llamada Ruta Militar (San Miguel-Santa Rosa-Goascorán) costó ciento sesenta mil. Igualmente se construyeron una treintena de ramales y carreteras cortas entre varios municipios. Todas las obras públicas, carreteras, bóvedas, puentes, pozos, etc. están vigentes a la fecha y en uso.

Durante diez años, Don Maximiliano invirtió en este rubro, quince millones trescientos veinticuatro mil ochocientos veintisiete colones de aquellos, de los valiosos, de los que rendían. Esta cantidad, de acuerdo a la equivalencia del momento, a un año de presupuesto general de la nación, serían ahora los cuatro mil trescientos millones de dólares en la última década, equivalente al presupuesto general del presente año. Claro invertidos netamente, sin subterfugios ni fugas sospechosas de las que tanto abundan.

CONCLUSIONES

A sus once años y medio (que no fueron trece) de  gobierno,  hemos dado en llamar “El Martinato” y a él le decimos Martínez. Pero su primer apellido era Hernández entonces deberíamos decir “el Hernandezato” y a él, solo Hernández. Pero somos pueblo y el folklore es y emana de éste, como la democracia.

De genocida a etnocida, de persecutor a golpista; de megalómano a exhibicionista. Férreamente duro con sus enemigos. Inteligente, astuto, torpe, engreído, masón, teósofo, hipócrita, manipulador, irrespetuoso de las libertades. Esto y más dicen algunos de él. Pero he escuchado a otros que lo llamaron generoso, gran estadista, buen militar, fiósofo, sabio, patriota, nacionalista, culto, amante y difusor de la cultura. ¿Será el color del cristal a través del cual lo han visto? Lo bilateral de la personalidad es sólo humano. Los excesos de alguno de los lados provoca la discusión.

Por eso es que Rafael Lara Martínez acumula bastante razón cuando plantea el maniqueísmo con el que tratamos a las grandes figuras históricas; en particular las de Hernández Martínez y Salarrué.

Los seres humanos juzgamos a otros desde nuestra particular visión de mundo, igualmente los demás  nos juzgan a nosotros desde su pertinente  axiología. Los dictadores son considerados malos per se. ¿Es el poder y su mal ejercicio el malo?

Maximiliano Hernández Martínez será lo que cada cual quiera que sea. Sin embargo no se construyó estatuas a sí mismo para que las botaran como las de Ceaucescu,  Hussein o Stalin. Ninguna calle se llama como él, tampoco una plaza o un parque.

Fue durante la guerra civil recién finalizada hace veinte años,  que se creó un batallón de las fuerzas armadas con su nombre;  fue la primera vez; al museo militar de Santa Ana también lo denominaron como él  hace poco, su mausoleo en Los Ilustres del Cementerio General, no tiene nombre ni placa que la sitúe. Sin embargo, toda  San Salvador y el país lo viven a diario,  en lo ya mencionado y en lo que no.  Por todo ello no  deja de advertirse  una actitud  terriblemente vergonzante.

Y es que la Historia salvadoreña del momento  del gobernante está allí: en calles, parques, infraestructura  y  faraónicos edificios, pero también en Izalco, Nahuizalco, Juayúa,  Salcoatitán y en San Matías donde Hernández nació. Además  en Washington, Guatemala, Honduras, Londres y Moscú. Por supuesto en la literatura, en los libros y en toda una sociedad.

Para bien o para mal, la historia no se borra, sólo se cuenta, se interpreta, se analiza, se ideologiza, pero se escribe y reescribe, se vuelve memoria y, en ocasiones,  también algunos la hacen.

*Escritor, historiador y crítico de artes.

 

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Comentarios   

 
+3 #3 irma merlos 14-04-2014 23:58
wow me encanta todo lo ke dise me sirve mucho pa la tarea!!!
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+3 #2 Goerge Olgo 18-03-2013 22:50
Excelente trabajo, felicidades.
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+3 #1 Carlos Dreyfus M. 17-01-2013 18:52
Cuanta razón tenía al declarar en su discurso de renuncia : "Yo no creo en la historia, porque la historia la escriben los hombres..."

Cada quien opina de acuerdo a sus intereses o concepciones particulares.
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