Mi paso por La Luna

Olga dicen que cada vez que atravesaba sus puertas estaba dando un paso hacia su autorrealización
Olga Castro (*)
SAN SALVADOR - Tenía 8 años la primera vez que entré a La Luna de la mano de mi mamá que también llevaba a mi hermano a ver un show de títeres. Ella trabajaba ahí desde hacía ya varios meses.
Era un sábado en la tarde, y nunca imaginé que esa era la primera de las miles de veces que acudiría a ese lugar en los próximos 15 años y que significarían tanto las cosas que viviría en esa casa que me puso tantas veces cara a cara con el arte y la vida.
Una de las cosas que más recuerdo, fue a los 15 años, cuando por primera vez me subí a un escenario, aun recuerdo el micrófono frente a mi rostro, y mi respiración acelerada, los latidos de mi corazón resonaban como bombas constantes en mis oídos, y las gotas de sudor que se deslizaban por mi frente me dificultaban pensar con tranquilidad, la primera nota salió temblorosa rascando mi garganta, pero a medida que pasaron los segundos, empecé a sentir una extraña tranquilidad y confianza… en esos instantes, mientras “November Rain” se deslizaba por mis labios, me di cuenta, que eso era lo que quería hacer el resto de mi vida.
El largo e infinito camino de la música, empezó para mí ese día cuando luego de esa motivadora experiencia, empecé a dedicarme al canto con mayor formalidad y constancia.
Mis padres han dedicado más de una década de sus vidas a La Luna, en este lugar conocieron a miles de personas increíbles y descubrieron todo un mundo lleno de experiencias y sensaciones interesantes e inigualables, poco a poco ellos nos llevaron a este mundo y esa ha sido una de las mejores cosas que me ha pasado.
En La Luna canté por primera vez con la banda a la que pertenecía, en ese escenario me subí cientos de veces, con mi hermano a la derecha con su guitarra siempre, vivimos experiencias increíbles, buenas y no tan buenas, frente a ese pedestal de micrófono escuché aplausos y silencio, desde esa tarima vi cientos de rostros a través del tiempo y pasé muchos de los mejores momentos de mi vida.
Cada instante que recuerdo La Luna y su escenario, viene acompañado de muchas emociones, sería imposible para mi, describir en esta página, cada uno de los momentos que pasé en ese lugar, fueron miles de veces que atravesé sus puertas, y sin darme cuenta, cada vez que lo hacía estaba dando un paso más hacia mi autorrealización, cada paso que di en el piso lunar me acercó cada vez más a mi destino, las experiencias que viví ahí me definieron como individuo, las personas que conocí ahí, ahora son mis amigos, el esfuerzo que entregué al público desde ese escenario, me llevó a conocer muchos otros lugares, me enseñó que “nunca es suficiente”, me inspiró a seguir, a dar lo mejor de mí, me ayudó a mejorar cada vez, conocí grandes artistas que sigo respetando con admiración, aprendí a creer en nuestros artistas nacionales, descubrí que no tenemos que envidiarle nada a nadie, que tenemos la madera para ser un país reconocido por la calidad de sus artistas. Me enteré también de las cosas que no hay que hacer y a tomar el ejemplo de los que se esfuerzan y se comprometen con la calidad, sobre todo, a respetar los pocos espacios en los que podemos expresarnos.
Ahora, a mis 23 años, mi vida se encuentra girando y girando, el tiempo ha transcurrido y con él muchas cosas han ido cambiando, se que pronto empezaré una nueva etapa de mi vida, ya a punto de graduarme de la Universidad y con miles de proyectos en mente, me encuentro en un período de planeación y constante ejecución, en el que estoy obligada a luchar más fuerte y alcanzar objetivos.
A pesar de los cambios que se dieron y se avecinan en mi vida, La Luna siempre estuvo ahí, y yo estuve en ella y seguirá aquí en mi mente y en mis recuerdos como el lugar en el que mi vida se puso en escena muchas veces, el contexto donde surgieron grandes momentos, el punto de encuentro donde no solo conocí personas, si no también me encontré a mí misma, un lugar con el que siempre voy a relacionar a mis padres… en fin, La Luna cerrará sus puertas al público, después de 20 años de abrir puertas a la imaginación y al arte, se va de un espacio, pero se queda en nuestros recuerdos, cuando las luces se apaguen y quede el silencio, estaré convencida que cada final significa un nuevo comienzo.
Gracias a La Luna por iluminarnos por tanto tiempo.
(*) Rockera e integrante del Proyecto ContraPunto
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