Gift Abroad
ocean sur
San Salvador, El Salvador / 31 de oct. de 2014

No me bajés los brazos, pendejo

nelsonr

Del boxeo, la vida y la cultura

Por Nelson Rentería

SAN SALVADOR – La frase “no bajar los brazos” es, sin dudas, una de las expresiones humanas más utilizadas para alentar a las personas que se enfrentan a la adversidad, a un reto, a un obstáculo o a un contrincante a quien se tiene el deber de vencer. El famoso dicho viene de uno de los deportes más maravillosos: el boxeo.

A primera vista, el boxeo suele ser ofensivo para muchas personas, que ven con desagrado como dos púgiles se intercambian golpes durante tres minutos en no más de 12 asaltos (depende de la pelea).

El horror incrementa conforme transcurre el tiempo sobre el cuadrilátero porque aparecen las heridas en los rostros de los boxeadores, las facciones de su cara se van hinchando cada vez más, la sangre salpica la pantaloneta de los contrincantes o en la lona y el cansancio hace reducir la movilidad de las piernas, pero eso sí, los brazos no se bajan, la guardia no se baja nunca.

De ahí que los humanos utilizamos la frase para alentar a quien está, en sentido figurado, en combate. No importan las heridas, el cansancio, el dolor, los brazos no se bajan nunca, ellos deben estar alerta para asestar el próximo golpe al adversario.

Uno, dos… Jab. Juego de piernas. Gancho. Uppercut. Gritos. Insultos. Más juego de piernas. Abrazo. Uno, dos… Jab. Gancho. Contra las cuerdas. Aplausos. Golpe al rostro y salpicar a los jueces de saliva y sangre. Suena la campana. El Boxeo es apasionante.

El boxeo tiene una filosofía fantástica que aporta frases de aliento y lucha para la humanidad, tal como “tirar la toalla”, que se refiere a que si un entrenador veía que el púgil estaba recibiendo una paliza épica, inmediatamente tiraba la toalla y el boxeador perdía la pelea inmediatamente. De ahí viene la otra frase clásica: “No tirés la toalla”.

Políticos, pastores evangélicos, sacerdotes, seminaristas de cursos de superación, cineastas, músicos y escritores son seducidos por el boxeo y su mística. Todos ellos ven en la hazaña de los boxeadores sobre el cuadrilátero un insumo maravilloso para contar sus historias de victoria o derrota.

En la música Rubén Blades y Willie Colón, se vistieron de púgil y entrenador, respectivamente, Enrique Bunbury, Joaquín Sabina, Alejandro Sanz, Alanis Morriset, entre otros se pusieron los guantes de box en portadas de sus discos o video clips.

El argentino Rodrigo “el potro” Bueno, músico de cuarteto cordobés, llegó más lejos y convirtió su escenario en un ring de boxeo y se presentaba a los conciertos con atuendo de peleador.

El consagrado escritor Julio Cortázar, un amante del deporte de las narices chatas, dijo que “la novela siempre gana por puntos, mientras que el cuento debe ganar por knockout”. En su libro La Vuelta al Día en 80 Mundos relata la historia del peleador Luis Ángel Firpo y su pelea contra el estadounidense Jack Dempsey, en 1923.

Por cierto, el equipo de fútbol Luis Ángel Firpo de Usulután, lleva su nombre por el púgil argentino, quien se enfrentó a un adversario del “Imperio Yankee”. El nombre Firpo sustituyó al nombre Sandino porque los directivos del club querían evitar represión o ataques por su afinidad a Augusto Sandino.

Qué decir de los escritos de Jack London, El combate del Siglo, El combate de Jonhson contra Jeffries y la Censura de la Supremacía Negra.

En el cine como no recordar a Charles Chaplin (El Campeón, 1915), a Robert de Niro (Toro Salvaje, 1980), Will Smith (Alí, 2002), a Pedro Infante (Pepe el Toro, 1952), Silvester Stalone (Rocky, 1976), Russell Crowe (Cindirella Man, 2005), Denzel Washington (El Huracán, 1999).

Así muchos más quedamos fantaseados por el boxeo y sus protagonistas. Uno de ellos perdió su última batalla, no en un ring si no en un hospital. Uno de los más polémicos y extravagantes del boxeo, de Latinoamérica y del mundo: Héctor “el Macho” Camacho, cuatro veces campeón mundial. Este es mi homenaje a un grande.  

“El Macho” Camacho, como muchos otros púgiles, me enseñó que ni en el ring ni en la vida los brazos no se bajan. Y así, con el intro de la canción punk de los argentinos Dos Minutos “Piñas (golpes) van, piñas vienen” me despido:

Yo, Horacio Accavallo (Argentina, campeón mundial en Mosca 1966-1968).

Gracias por el homenaje a todos los boxeadores campeones del mundo.

¡No me bajés los brazos, pendejo, vamos todavía!

Compartir

Escribir un comentario

Norma de uso obligatoria

  • Los comentarios tienen que referirse al tema publicado
  • No se publicarán comentarios fuera de la ley local (difamaciones)
  • No está permitido el lenguaje soez ni ataques personales
  • Reservamos el derecho de eliminar comentarios inapropiados
  • Comentarios breves, no más de 20 líneas
  • No publicaremos anónimos ni falsas identidades

Aclaramos que no publicamos comentarios automáticamente

La opinión de los lectores, no es la de contrACultura


Código de seguridad
Refescar