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San Salvador, 17 de oct. de 2017

«Torre de Babel» o las fotografías que faltaban

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«Es, ante todo [“Torre de Babel”, de Vladimir Amaya], uno de los esfuerzos más grandes de sistematización de la historiografía literaria de El Salvador, y quizá el más importante esfuerzo por sistematizar la poesía salvadoreña desde “Guirnalda salvadoreña” de Román Mayorga Rivas».

Por Alfonso Fajardo (*)

San Salvador.- Torre de Babel se llama el grupo de diecisiete volúmenes antológicos de la poesía joven salvadoreña de antaño, el nuevo proyecto editorial de Vladimir Amaya, que reúne en diversas esferas la totalidad de la poesía salvadoreña, inclusive desde antes del nacimiento de El Salvador como República. Es, ante todo, uno de los esfuerzos más grandes de sistematización de la historiografía literaria de El Salvador, y quizá el más importante esfuerzo por sistematizar la poesía salvadoreña desde Guirnalda salvadoreña de Román Mayorga Rivas. Amaya utiliza el recurso de la «antología de poetas jóvenes», una antología de tipo programática muy propia de la segunda mitad del siglo XX, muy idóneo para seguirle la pista a la historia de la poesía de un país o de una región. Amaya ha ubicado en cada volumen a un grupo de poetas que han nacido dentro de una misma década para efectos de esa sistematización, empezando por el primer año de cada década y terminando en el año número nueve de cada una de ellas; es decir, es un recurso totalmente idóneo para el objetivo ulterior del trabajo: reunir en todos estos volúmenes no solo las antologías o «fotografías» que hacían falta dentro de la historiografía de la poesía salvadoreña, sino también reunir en «antologías de poetas jóvenes» a los autores que aún teniendo sus antologías «generacionales» o de promoción, no se veían a sí mismos dentro de un período de tiempo tan cerrado como lo es una década, habida cuenta que muchas de esas promociones suelen tener a autores que desde el punto de vista cronológico pudieron haber pertenecido a una promoción anterior o posterior. Desde este punto de vista, el recurso también es idóneo para estudiar de forma separada la voz colectiva de cada promoción (no entraremos a la discusión de cuáles de ellas son generaciones, pues no es el objetivo de este comentario). Así, reuniendo en cada volumen a los poetas que nacieron dentro de una misma década, Vladimir ha logrado construir el museo de la poesía salvadoreña, pues no solamente ha tomado las «fotos» que faltaban, que quizá sea el aporte más valioso del trabajo, sino también ha retocado algunas de las fotos ya existentes, analizándolas desde fuera y desde una de las mejores perspectivas de la crítica literaria: el tiempo transcurrido.  

Amaya ha concebido este trabajo como varios universos que se entrelazan a sí mismos. Al primero lo ha denominado Universo ámbar, y está compuesto por los volúmenes de poetas que nunca tuvieron su respectiva antología «generacional» o antología de promoción, poetas que nacieron entre 1850 y 1929, ocho décadas reunidas en igual número de volúmenes, desde el volumen I hasta el VIII, e incluye uno de los dos volúmenes 0, llamado El exordio oscuro, que en este caso funciona como prólogo a este y a todos los otros «universos» poéticos de Torre de Babel. El segundo universo se titula Universo de granate, e incluye a todos los poetas que, de una u otra manera, tuvieron sus antologías «generacionales» o de promoción, ya sea que éstas tuvieran como propósito abarcar a la totalidad de poetas jóvenes que se dieron a conocer en una década determinada, o que únicamente tuvieran como propósito dar a conocer a un grupo de poetas afines, ya alrededor de una amistad o alrededor de una estética específica. En total son seis volúmenes (del volumen IX al volumen XIV) y abarcan poetas que nacieron entre 1930 y 1989. El tercero es el Universo de ónix, es el universo más grande pues incluye a los dos universos anteriores, es decir, desde el volumen I hasta el volumen XV, con la diferencia que incluye el otro de los dos volúmenes 0, y además el volumen llamado Los insepultos rojos. El volumen 0 de este universo está conformado por los primeros poetas de los cuales se tiene registro, poetas que nacieron entre  1789 y 1849, mientras que el volumen Los insepultos rojos lo conforman los poetas que cayeron en el conflicto armado. Este es el universo más grande pues refleja la totalidad de la historiografía poética de El Salvador, desde los poetas que se dieron a conocer inclusive antes del nacimiento de la República, hasta los más novísimos poetas que nacieron dentro de la década de los noventa.

Todas y cada una de las «generaciones» o promociones está aquí representada por sus poetas, incluyendo  aquellos poetas que no necesariamente pudieron pertenecer a una antología «generacional», ya sea porque el antólogo de turno no quiso publicarlo o porque empezara a escribir o a dar a su conocer su obra en una edad avanzada.

Es interesante leer de principio a fin, dentro de un mismo enfoque de selección, la historiografía de la poesía salvadoreña. Enfatizo que uno de los aportes más importantes de esta obra es la inclusión de poetas que no tuvieron sus antologías de promoción o antologías «generacionales», y es que a pesar de que algunos de los poetas de los primeros volúmenes ya están incluidos dentro de la Guirnalda salvadoreña y dentro de otras antologías panorámicas como los Índices antológicos de la poesía salvadoreña, existen otros que, gracias al enfoque de «antología de poesía joven» han podido ser seleccionados dentro de la década de su surgimiento literario. Por otra parte, la importancia de este proyecto también reside en la inclusión de muchos otros poetas que, para los antólogos de turno, no necesariamente tenían una calidad literaria óptima para ser incluidos en las selecciones de sus respectivas promociones, pero que en esta ocasión, y para efectos didácticos, era importante publicarlos y ubicarlos dentro de cada una de sus respectivos grupos «generacionales». Además, al leer todos estos volúmenes se tiene una idea clara de la evolución que fue tomando la poesía salvadoreña hasta nuestros días. Desde el romanticismo hasta el modernismo, del modernismo al vanguardismo y del vanguardismo a todo el crisol de voces que ahora tenemos.

En cuanto a poesía se refiere, Torre de Babel inicia con los poetas nacidos entre 1789 y 1849, los primeros poetas conocidos de los que se tiene algún tipo de registro. Los tomos I,II y III tienen características similares, aunque es la poesía del tomo III que se empieza a diferenciar del romanticismo primigenio de las primeras décadas de la República. Es específicamente con los poetas que nacieron entre 1860 y 1869 que se empieza a vislumbrar una nueva visión de la poesía, pues con este grupo de poetas nace quien más adelante sería considerado como el fundador y fundamentador de la literatura salvadoreña, Francisco Gavidia. Es con Gavidia que la visión de escritor y poeta cambia, pues ya no se trata de aquél o aquella que en sus tiempos libres escribe versos, se trata de personas que se consideran a sí mismos escritores y poetas de profesión, fundando de esta manera el oficio de escritor en El Salvador. Además, es con este grupo que la poesía se va desprendiendo del romanticismo provinciano que caracterizó por mucho tiempo a la poesía en décadas pasadas. Es, pues, un cambio que elevó la calidad de la poesía y que instauró un factor sumamente necesario para el desarrollo de un poeta: la disciplina. Sobresalen, dentro de este grupo de poetas, y por razones diferentes, Ramón Mayorga Rivas, Francisco Gavidia, Vicente Acosta y Alberto Masferrer. No fue sino hasta la promoción de poetas nacidos entre 1880 y 1889 que el romanticismo desaparece por completo para dar paso al modernismo, movimiento que desde la promoción anterior empezó a dibujarse pero que en esta sobresale. Otra promoción importante para la literatura salvadoreña es la de los autores que nacieron entre 1890 y 1899, a esta promoción pertenecen Vicente Rosales y Rosales, Raúl Contreras, Juan Felipe Toruño, Salarrué y Claudia Lars, entre otros. En las siguientes generaciones sobresalen autores como Pedro Geoffroy Rivas y Oswaldo Escobar Velado, mientras que el siguiente punto de ruptura lo representan los poetas nacidos entre 1930 y 1939, es decir, el núcleo de la Generación Comprometida, cuyo principal referente es Roque Dalton; y los poetas nacidos entre 1940 y 1949, que contiene a algunos de los poetas más fecundos y respetados por generaciones posteriores, como David Escobar Galindo, Alfonso Kijadurías y Rolando Costa. En las siguientes promociones se encuentran los poetas que conforman lo que pudiéramos llamar la poesía contemporánea de El Salvador, poetas que han nacido entre 1950 y 1989, de los cuales una gran mayoría siguen escribiendo y publicando. Torre de Babel finaliza con el volumen número XV, poetas nacidos entre 1990 y 1999, jóvenes autores que aún tienen una obra incipiente y que apenas empiezan a escribir su historia, se adelanta Amaya al reunirlos dentro de este volumen, pero esta inclusión obedece a uno de los objetivos de Torre de Babel, que es la de no dejar huecos en la pared del gran museo que es la poesía salvadoreña. Desde este punto de vista, Vladimir ha regresado en el tiempo para tomar las fotografías que hacían falta en ese museo, dándole un aporte importante a la historiografía de la literaria salvadoreña.

Hay un volumen dentro de Torre de Babel que merece comentario aparte, se trata de El exordio oscuro, que funciona como si fuese el prólogo de todo el proyecto. Merece mención aparte por varios motivos. En primer lugar, Amaya describe el por qué eligió el tipo de antología «generacional» para realizar este proyecto, explicando los diferentes tipos de antologías que existen, fundamentándose en estudios de autores que han tratado el tema como Alfonso Reyes y José Francisco Ruiz Casanova. En segundo lugar, porque el antólogo entra en la discusión de las siempre problemáticas «generaciones literarias», y lo hace precisamente para tratar de describir las distintas generaciones o promociones, ubicándolas en el tiempo y en las escuelas literarias a las que pertenecieron. En tercer lugar, porque este volumen lanza una gran cantidad de información sobre los órganos de difusión de cada una de las promociones: revistas, boletines, periódicos, suplementos literarios, antologías panorámicas y programáticas, etc.

Torre de Babel es uno de los estudios más rigurosos para la sistematización de nuestra poesía, es el museo de la poesía salvadoreña, es una gran antología compuesta por mini antologías, es el mejor documento «fotográfico» de las promociones poéticas de El Salvador, y un mar de autores donde nadan las más variadas especies. Como diría Lezama Lima, en estos volúmenes se ven «ilustres restos, cien cabezas, cornetas, mil funciones abren su cielo, su girasol callando».

Cada uno de los volúmenes que recogen diferentes promociones tiene su propio prólogo, consistente en un breve comentario de la promoción y de algunos de sus autores, un prólogo que está dirigido más que todo a los estudiantes. Un ejercicio comparativo de cada una de las promociones con respecto a las escuelas literarias internacionales hubiese enriquecido mucho más el estudio, pues siempre es interesante descifrar qué tanta influencia tuvo cada promoción de los principales movimientos literarios a nivel internacional.

Por lo demás, Torre de Babel se convierte desde ya en uno de los referentes para el estudio de la poesía salvadoreña. Poco puede criticarse este esfuerzo de grandes magnitudes, e incluso se debe reconocer el apoyo editorial de carácter privado que ha tenido por parte de Editorial Equizzero. Claro, existirá más de algún pseudo crítico o charlatán literario que menospreciará este trabajo y a su autor, pero lo cierto es que Amaya delimitó con cuidado el objeto de su proyecto, y de ese ámbito delimitado no se ha salido. Vladimir Amaya se ha convertido en el mejor «fotógrafo» de la poesía salvadoreña, suyo es este museo que se llama Torre de Babel. En el futuro, Amaya deberá dar un paso adelante en sus proyectos, la crítica y el ensayo son ámbitos que seguramente se le darán sin mayor dificultad, ojalá y este joven poeta siga dándonos estas fotografías tan necesarias para nuestra literatura. 

 

(*) Abogado y poeta. Columnista y colaborador de contrACultura.

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